Un psiquiatra advierte sobre el impacto de la hiperconectividad en nuestra salud mental

Las redes sociales forman parte de la rutina diaria de millones de personas, pero el tiempo que dedicamos a consultarlas y la forma en que las utilizamos pueden acabar teniendo un impacto directo sobre nuestro bienestar emocional.

Así lo sostiene el psiquiatra Miguel Ángel Álvarez de Mon, autor del libro Desaprender (Paidós), quien considera que dedicar demasiado tiempo a estas plataformas favorece la distracción constante y dificulta mantener la atención en actividades importantes. “Pasar más de una hora al día en redes sociales es excesivo”, afirma el especialista en una entrevista concedida a Europa Press Salud Infosalus.

Álvarez de Mon señala que la conexión permanente a internet y el flujo ininterrumpido de mensajes, notificaciones y contenidos generan una sensación de urgencia constante que puede terminar afectando a nuestra capacidad para concentrarnos. “Nos cuesta distinguir qué es realmente importante y qué puede esperar. Vivimos interrumpidos continuamente y eso nos hace estar más ansiosos”, explica.

El psiquiatra advierte de que esta dinámica no solo repercute en la productividad, sino también en la calidad de las relaciones personales y en la capacidad de disfrutar del tiempo libre sin distracciones.

Para el especialista, el problema no reside únicamente en el tiempo que se pasa frente a la pantalla, sino en el uso que se hace de las redes sociales. En este sentido, considera que en muchas ocasiones se convierten en una herramienta para escapar del aburrimiento, el estrés o las preocupaciones cotidianas.

Según Álvarez las plataformas digitales han intensificado la comparación constante con los demás. “Las redes magnifican uno de los hábitos que más daño hace en este siglo: compararnos continuamente con otras personas”, un fenómeno que cataloga como “libertad tóxica”.

Otro de los aspectos que preocupa es la tendencia a realizar varias tareas al mismo tiempo, una práctica cada vez más habitual en entornos laborales y académicos. Según el profesional, alternar constantemente entre correos electrónicos, aplicaciones de mensajería y redes sociales provoca un agotamiento mental progresivo y dificulta mantener una atención sostenida.

También puede afectar a la memoria de trabajo y reducir la tolerancia al aburrimiento, un estado que, resulta necesario para estimular la creatividad.

Para limitar el impacto de la hiperconectividad, el especialista recomienda revisar periódicamente el tiempo de pantalla y establecer momentos libres de tecnología en el día a día. Entre ellos las comidas familiares o el tiempo previo a acostarse, espacios que se considera especialmente importantes para favorecer la desconexión y mejorar la calidad del descanso.

En definitiva, la cuestión no es renunciar a las redes sociales, sino evitar que ocupen espacios destinados al descanso, la concentración o las relaciones personales. Establecer límites y aprender a desconectar se perfila cada vez más como una herramienta de bienestar en una sociedad hiperconectada.


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