Un nuevo estudio en Nature Astronomy revoluciona lo que sabíamos sobre la corteza de Marte

Marte vuelve a sacudir la imagen de planeta geológicamente apagado. Un estudio publicado en Nature Astronomy, a partir de los datos sísmicos de la misión InSight de la NASA, plantea que bajo su corteza pudo existir un sistema magmático mucho más profundo y complejo de lo que se creía. La clave está en las 1.319 señales marcianas registradas durante más de cuatro años, las cuales han permitido mirar el interior del planeta como si se tratara de una ecografía a escala planetaria.

La misión InSight aterrizó en Elysium Planitia para escuchar los movimientos internos del planeta rojo. Aunque los científicos no sabían cuánta actividad detectaría, el módulo acabó registrando 1.319 seísmos marcianos antes de quedar inactivo tras su retirada en 2022. Las ondas se comportan de forma distinta según los materiales que atraviesan, por lo que permiten deducir la composición de las capas profundas. Al estudiarlas, el equipo encontró velocidades demasiado altas para una corteza inferior sencilla.

Ese desajuste llevó a los investigadores a probar cientos de combinaciones posibles mediante modelos termodinámicos y herramientas estadísticas. La explicación que mejor encajaba con los datos era una capa inferior inesperadamente gruesa de roca ultramáfica, rica en hierro y magnesio y pobre en sílice, situada bajo una capa máfica con mayor contenido de sílice. Para Mackay-Champion, “explicar una zona ultramáfica de aproximadamente 14 kilómetros de espesor en la base de la corteza requería un sistema magmático mucho más grande de lo que habíamos esperado inicialmente”.

La hipótesis dibuja un antiguo sistema de conductos y reservorios de magma atravesando la corteza marciana, con minerales pesados hundiéndose hacia el fondo y materiales más ligeros acumulándose en zonas superiores. Aunque InSight solo pudo estudiar directamente el subsuelo bajo su punto de aterrizaje, los autores creen que el proceso no tendría por qué limitarse a esa región. Una frontera sísmica similar se había identificado a miles de kilómetros del módulo, y las evidencias minerales repartidas por el planeta apuntan también a un magmatismo más evolucionado de lo previsto.

El hallazgo no demuestra que Marte sea habitable ni que lo haya sido, pero sí amplía el marco con el que se estudian otros planetas rocosos. Mackay-Champion sostiene que “nuestro estudio sugiere que procesos clave asociados con la habitabilidad, incluidos la diferenciación cortical, el magmatismo de larga duración, el ciclo de volátiles, la transferencia sostenida de calor y la generación de entornos químicamente diversos, pueden ocurrir sin tectónica de placas similar a la terrestre”. La consecuencia es relevante: mundos antes descartados por carecer de placas tectónicas activas podrían haber albergado interiores mucho más dinámicos.


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