El balón oficial del Mundial 2026, bautizado como Adidas Trionda, protagoniza una de las realidades más sorprendentes del torneo.
Se carga en el vestuario exactamente igual que un teléfono celular. Esta escena, que hace unos años habría parecido de ciencia ficción, es hoy el pilar invisible sobre el que se sostienen las decisiones arbitrales más complejas de la FIFA.La explicación detrás de este ritual de carga eléctrica no tiene que ver con el aire de su interior, el cual se introduce de la manera tradicional con una bomba manual, sino con el sofisticado corazón electrónico que esconde en su centro geométrico. El Trionda alberga la evolución de la Connected Ball Technology de Adidas, un sistema que suspende un sensor de movimiento imperceptible mediante un entramado de tirantes elásticos internos. Este chip incluye un giroscopio y un acelerómetro capaces de medir con precisión milimétrica cada impacto, aceleración y rotación de la esfera.
Para que este cerebro electrónico funcione de forma ininterrumpida durante los noventa minutos de juego y las posibles prórrogas, necesita energía. Adidas ha implementado un sistema de carga por inducción magnética, es decir, tecnología inalámbrica. Antes de cada enfrentamiento, los balones oficiales no se guardan en una red común, sino que se colocan cuidadosamente sobre bases de carga dispuestas en las entrañas de los estadios de Estados Unidos, México y Canadá.

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